Por meses traté con un cliente con personalidad difícil. Conflictivo, provocador, rápido en responder bruscamente e incitar confrontación. Cada llamada o correo a su contacto era un reto en identificar cómo dar un buen servicio por lo complejo de sus demandas y lo realmente arduo de complacer; lo cual parecía nunca suceder.


Lo mas frustrante de todo, era que aveces parecía intencional su deseo de llevar la contraria. A cada solución le tenia un problema, un “pero”, una objeción o una queja. El trabajo que nos daba no era lo más difícil, sino trabajarlo con él y que llegáramos a alcanzar respuestas satisfactorias.


Una mañana simplemente dejó de responder. Atípico, porque si bien no era sencillo su interactuar; siempre era constante en sus comunicaciones. Le dí seguimiento por días, no llegaba respuesta hasta que un representante de su compañía finalmente nos escribió.


Falleció, tenía cáncer, y venía luchando con eso por mucho tiempo. Nunca lo supe, no tenía porque saberlo, pero su deceso me hizo reflexionar mucho.


¿Cuantas veces hemos asumido o etiquetado a alguien como “difícil” sin realmente conocer lo que está pasando? ¿Cómo fue posible que yo siendo sobreviviente de cancer, pasé por alto la empatía por la historia ajena que no conocía?


Lo que sabemos de alguien más, muchas veces es la punta del iceberg de sus vidas. No sabemos sus batallas, sus retos, sus condiciones. Tampoco podemos controlar sus reacciones o pretender que actúen distinto. Únicamente podemos dominar el cómo yo respondo ante ello.


Cada uno de nosotros es responsable de nuestras emociones y cómo reaccionamos ante el mundo. Desde lo individual es que podemos hacer el colectivo mejor. Curarnos a nosotros mismos, es abonar en curar la sociedad.


Es fácil identificar y señalar a la persona difícil y sus defectos; pero, ¿nos hemos tomado el momento de analizarnos a nosotros mismos? ¿Qué tal que el difícil sea yo? ¿Qué tal que yo le esté haciendo las cosas más complicadas a los demás? ¡Cómo cuesta verse uno mismo al espejo!


Basado en esta experiencia, y reflexionando en mi propia lucha contra el cancer, me permito compartir 5 puntos que en el diario vivir muchas veces pasamos por alto por el estrés de la rutina, pero que son esenciales tenerlos presentes día a día:


1- Empatía siempre. No sabemos sobre las batallas de cada persona, nada cuesta ser amable. Quizá con solo eso, estamos aportando mucho al mundo de la persona de al lado.


2- No es personal. Puede que alguien esté intentando luchar con su propia carga y solo le alcance para eso y está bien.


3- El trabajo importa, pero no más que su vida. Es sano tener límites y priorizar el tiempo y recursos para uno mismo y sus seres queridos. El trabajo vale, pero no más que la salud, el trabajo se toma con responsabilidad, pero no con más seriedad que la vida misma.


4- Elegir mi energía. Únicamente tenemos dominio y responsabilidad de nosotros mismos. Elijo intencionalmente dar energía positiva; con una sonrisa, un saludo, estar presente; eso le puede cambiar favorablemente el día a alguien. Aunque no seamos correspondidos, lo que llena el corazón es lo que damos.


5- Vivir y amar intensamente. No hay tiempo para esperar más, valorar cada segundo de nuestra vida, la vida es ya, YA! Haz que valga la pena, no hay tiempo que perder.

Ignacio Olivares Avatar

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